Las "vacunas" de la alergia consisten en la administración, normalmente vía subcutánea o sublingual, de dosis crecientes y a intervalos fijados de la misma sustancia que produce la reacción alérgica en el paciente. Con ello conseguimos que el organismo se vuelva tolerante (es decir, que no reconozca "como extraño") a aquel producto que el sistema inmunológico no admitía y contra el que desencadenaba una reacción.